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Javier Castrilli, el «sheriff» que llega a «poner orden» al arbitraje chileno

El argentino de 64 años tuvo una destacada trayectoria en el referato profesional entre 1991 y 1998.

 

Javier Castrilli, con 64 años, asumirá desde este miércoles como presidente de la comisión de árbitros e impondrán orden, como lo hizo en sus tiempos cuando era el «sheriff» que hacía cumplir el reglamento en las canchas sudamericanas.

Castrilli, oriundo de  Buenos Aires, comenzó como árbitro amateur en 1978 y recién en 1991, 13 años después, tuvo su estreno en la Primera División del fútbol argentino.

Ganó notoriedad y dejó su sello debido a su carácter fuerte y por ser muy estricto en el reglamento. No le temblaba la mano al dirigir, tanto a equipos chicos como grandes, y al año de su llegada a Primera División empezó a construir su leyenda.

En 1992, no dudó en expulsar en el Monumental de Buenos Aires a cuatro jugadores de River Plate y al técnico Daniel Passarella, en un duelo que ganó Newell’s por 5-0.  En 1993, llevó al extremo el cumplimiento del reglamento en el tema disciplinario, y expulsó a cinco jugadores de Talleres de Córdoba, que se estaba jugando el descenso, en un choque ante River. Tuvo que suspender el partido por la inferioridad numérica de los cordobeses.

Inmortalizó la frase «el reglamento hay que aplicarlo siempre». Y se ganó el apodo de «Sheriff», con su mirada seria, postura inflexible y de pelo engominado.

Pero una de sus más grandes polémicas fue en un Vélez Sarsfield contra Boca Juniors en 1996, expulsando a la leyenda de Diego Armando Maradona (la última roja de su carrera).

El «Pelusa», tras la derrota del Xeneize, decía que Castrilli era el peor árbitro de Argentina. En el bando contrario, el ganador, el arquero paraguayo José Luis Chilavert, autor de dos goles, defendió al «juez de hierro».

En la estadística en duelos «grandes», amonestó a 49 jugadores y expulsó a 16 en sus primeros seis superclásicos entre Boca Juniors y River Plate.

A nivel internacional, su debut fue 1992 y estuvo presente en los siguientes torneos:

  • Preolímpico de Asunción 1992
  • Final del Mundial Sub 17 en Japón 1993
  • Mundual Sub 20 en Qatar 1995
  • Copa América 1995 en Uruguay
  • Copa Confederaciones 1997 en Arabia Saudita
  • Final de la Copa Libertadores 1997
  • Mundial de Francia 1998

Pese a la brillante carrera, decidió poner punto final a su periplo por las canchas en ese mismo año 1998, meses después de estar en el Mundial, tras una controversia con el colegio de árbitros de su país. No tuvo apoyo de sus colegas y a los 41 años, Castrilli colgó el silbato.

«Todos los equipos que se vieron perjudicados por mis fallos, River, Boca, San Lorenzo, todos sus presidentes pidieron mi cabeza. (Julio) Grondona nunca se la entregó», declaró Castrilli en su momento.

Pese a las polémicas, Castrilli se ganó el respeto y admiración de jugadores e hinchas, por su inflexible representación de la justicia en la cancha.

Esa popularidad le pérmitió incursionar en la política, teniendo varios roles vinculados al deporte y la seguridad.

En 2010 vivió el mayor susto de su vida, al sufrir un infarto agudo, aunque eso no le detuvo y continuó vinculado al servicio publico.

Pese a ello, Castrilli no se ha mantenido al margen y siempre ha sido una voz opinante sobre lo que acontece en el fútbol mundial, comentando para distintos medios, atendiendo a la prensa cuando se le solicitó, o dando cátedra en sus redes sociales sobre el rol que debe cumplir un árbitro dentro de la cancha.

También ha sido un fuerte crítico por el mal uso del VAR en Sudamérica, dejando una frase para el recuerdo: «El VAR en manos de los árbitros sudamericanos es como darle una navaja a un mono».

En los últimos meses, Castrilli también ganó popularidad en Chile, al azar la voz contra los cobros arbitrales que ha sufrido la selección nacional en las Clasificatorias y la designaciones de Conmebol para los partidos de La Roja.

Del mismo modo, ha sido un fuerte defensor del árbitro chileno Roberto Tobar, asegurando que está entre los mejores del mundo en la actualidad.

Castrilli, con su inflexibilidad, llegará a «poner orden» en el arbitraje chileno, que justamente sufre los males que él mismo ha apuntado en el plano sudamericano.

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