COQUIMBO

Muere Cristián Cuturrufo afectado por Covid: adiós al hombre imprescindible del jazz chileno

El músico nacido en Coquimbo fue clave para la expansión del jazz en Chile como un género diverso en lo estilístico y popular en su alcance. Y no sólo eso: su labor como gestor cultural, encabezando clubes y festivales, también contribuyó a sacar al estilo de sus etiquetas más estrechas. Un creador que partió aquejado del Covid-19, según han confirmado sus cercanos.

El destacado trompetista chileno de jazz Cristián Cuturrufo falleció este viernes a los 48 años, luego de haber sido hospitalizado tras un contagio de covid-19, según publicó La Tercera.

El músico había sido internado de gravedad en la Clínica Las Condes tras sufrir dos paros cardiorrespiratorios.

Cuturrufo, proveniente de una famosa familia coquimbana ligada a la música, es uno de los exponentes del jazz más connotados del país.

Lo anterior lo testifica una discografía de más de 10 álbumes solistas y variados proyectos musicales sobre el género, como por ejemplo Cutus-Clan (junto a su hermano Rodrigo Cuturrufo), Chilejazz Quinteto y sus participaciones en Motuto y Los Titulares.


Siempre inconfundible con su espesa barba y su trompeta, la historia de Cristián Cuturrufo se inició en Coquimbo, la ciudad donde vino al mundo en 1972. Fue hijo de músico, aunque como suele ocurrir, eligió un instrumento distinto al de su progenitor, pues su padre fue el acordeonista Wilson Cuturrufo, quien encabezó una de las familias más tradicionales en el cancionero del puerto pirata.

Decidido a que la música era lo suyo, ingresó a la escuela de la Universidad Católica, donde tuvo una formación académica y técnica como trompetista docto. De hecho, entre 1991 y 1993 integró el Ensamble Gabrieli.

Pero lo suyo era lo más callejero, quizás algo más suelto y menos sometido a los formalismos. Él siempre se definió como un creador inquieto y voraz, sin muchos guiones establecidos. Por lo mismo, tras sus estudios capitalinos, y tras decidirse por un jazz menos purista, viajó a Cuba, la tierra donde los instrumentistas del género suelen maridar los ritmos sincopados con música latina, africana, funk, son y pizcas de rock. Ahí profundizó su vínculo con la música popular.

Esos años marcados por la travesía cubana fueron un punto de quiebre: Cuturrufo abría su apetito creativo hacia la diversidad estilística, lo que marcaría la escena jazz de los 90 y los 2000 en Chile, con otros ejemplos como Ángel Parra Trío o Los Titulares. Gracias a todos ellos, el jazz en el país nunca fue el mismo, adquiriendo además un estatus más popular que a momentos lo sacó de los círculos habituales de instrumentistas y especialistas.

Quizás la mejor definición de Cuturrufo la entrega el sitio Música Popular: “Él fue investido como el trompetista más rápido y ardiente desde que el jazz fuera dominado por Daniel Lencina en los ’70″.

Jazz recién salido del horno

Sus principales referentes en la trompeta fueron en sus inicios los estadounidenses Fats Navarro y Dizzy Gillespie, y el cubano Arturo Sandoval. Ya con una trayectoria más establecida, a partir de 1996 dirigió sucesivos proyectos por los que desfilaron gran parte de los jazzistas de los ’90: los saxofonistas Ignacio González, Jimmy Coll y David Pérez, los guitarristas Jorge Díaz, Daniel Lencina Jr y Federico Dannemann; los bajistas Felipe Chacón, Christian Gálvez y Cristián Monreal, y los bateristas Iván Lorenzo, Carlos Cortés y Andrés Celis, entre otros.

Su debut, Puro jazz (2000), obtuvo buenos comentarios de la crítica especializada, tras lo que se integró a dos agrupaciones: Los Titulares, el cuarteto que por esos días encabezaba Francisco Molina, exbaterista de Los Tres; y los grupos Vernáculo y Cutus-Clan, dirigidos por su hermano, el percusionista Rodrigo Cuturrufo.

Luego siguió extendiendo su ruta en solitario y su tránsito por géneros ya conocidos, como el latin jazz en un trabajo titulado precisamente como Latin jazz (2002), y el bebop en Recién salido del horno (2003).

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