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Opinión

“Cómo cuidar los alimentos en tiempos de COVID-19” Por Francisca Alfaro Alcántara, Directora Nutrición y Dietética U. Central

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En tiempos de pandemia hemos sido obligados a repensar como acceder a los alimentos, principalmente, por las características del virus que han instaurado el aislamiento social como principal medida para evitar su propagación.

 

En relación a los cambios que hemos vivido por el COVID-19, es importante considerar algunos aspectos que están asociados a al correcto trato de los alimentos, haciendo referencia a todos los riesgos, que pueden hacer que los alimentos sean perjudiciales para la salud del consumidor, por lo tanto, se debe considerar eliminar o controlar los agentes presentes en los alimentos que representen riesgo para la salud de los consumidores y/o que puedan incidir de manera gravitante en el perfil de morbimortalidad según los hábitos de consumo de la población.

A pesar de que no hay evidencia publicada sobre el contagio de COVID-19 por tocar alimentos o empaques que hayan estado en contacto con el virus debido a tos o estornudos de personas infectadas, se sabe que el virus que causa COVID-19 puede sobrevivir en superficies y objetos por cierto tiempo, frente a esta información y a la necesidad de mantener una alimentación inocua en todo momento, podríamos considerar 3 momentos relacionados al consumo de alimentos:

1.       Compra de alimentos

En caso de no poder realizar compras a distancia con reparto a domicilio, es importante considerar el uso de mascarilla que cubra nariz y boca durante toda su visita a supermercados y/o ferias, evitando tocarla durante su uso. Planifique las preparaciones/alimentos y porciones que serán necesaria para su alimentación y la de su familia por un tiempo determinado, evitando la pérdida por deterioro y/o falta de productos. Una vez llegue a su hogar, siempre lavar manos con agua y jabón por lo menos durante 20 segundos.

2.       Almacenamiento de alimentos

Una vez ha llegado a su hogar, limpiar y separar es la clave. En esta etapa, desinfectar la superficie del embalaje de alimentos utilizando toallitas desinfectantes o solución clorada, antes de guardar en la despensa o refrigerador. En el caso de frutas y verduras se recomienda lavar, de ser necesario es posible cepillar con cerdas suaves para retirar restos de suciedad, y desinfectando con solución clorada (1 cdta. de cloro en 1 litro de agua), para posteriormente, almacenar en refrigerador, el cual debe estar limpio y sanitizado.

3.       Preparación de alimentos

Antes, durante y después de manipular alimentos se debe realizar un correcto lavado de manos por al menos 20 segundos con agua y jabón, secando las manos con toalla desechable.

Los alimentos deben mantenerse en rangos de temperatura seguros, en el caso de productos refrigerados, la temperatura de ser inferior a 5°C, congelados inferiores a -18°C; en preparaciones calientes listas para su consumo, la temperatura debe ser mínimo 65°C. Además, es importante desinfectar las superficies, tablas de picar y cuchillos utilizando 4 cucharaditas de cloro para 1 litro de agua.

Finalmente, la inocuidad alimentaria siempre debe ir acompañada de una dieta variada que incluya todos los grupos de alimentos para promover una flora microbiana  sana y a su vez, un sistema inmunológico reforzado.

 

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Opinión

«Adaptación de la comunidad al uso de Elementos de Protección Personal» Por Alejandra Arancibia, Enfermera y Matrona, Ucen Coquimbo

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Lo que antes era un proceso exclusivo del personal de salud, hoy es clave para disminuir el flujo de contagios del Covid-19 en la comunidad. Es fundamental colaborar en estas nuevas medidas de protección entre personas, que están destinados a proteger la vía aérea y mucosas que son barreras naturales y así evitar el contacto con agentes infecciosos suspendidos en el aire y en otras superficies, también es fundamental racionalizar el uso de ellos. Mis recomendaciones son:

Realizar lavado de manos en forma prioritaria y utilización de alcohol Gel certificado.

Priorización del uso de EPP para el profesional de salud y para aquellos servicios con alto flujo de personas ejemplo farmacias, SOME.

No existe la indicación de otros elementos de protección personal como gorros, cubre calzados, mamelucos, doble guante o doble mascarilla, dado que puede aumentar el riesgo de infección, que hacen más complejo su retiro.

Las mascarillas quirúrgicas, las batas/pecheras de nylon, guantes de procedimiento No están indicadas para ser reutilizadas y se deben eliminar.

Los EPP que se pueden reutilizar son los escudos faciales y lentes protectores, siempre que la persona que realiza esta desinfección utilice guantes impermeables, protectores oculares, bata/pechera.

El lugar donde se realiza la limpieza o desinfección debe ser exclusivo a este proceso, este consiste en lavar bajo un chorro de agua con detergente neutro y con una esponja o paño limpiar la superficie, posteriormente desinfectar con cloro o alcohol al 70%.

La solución desinfectante es en base a una dilución de 1 litro de agua con 20 cc de cloro

Una vez finalizado se deja secar sobre una superficie seca, para reutilizar.

Es relevante que la comunidad en su hogar practique la colocación y retiro de los EPP y que lo incorporen como un aprendizaje de todos, compartir y aprender incorporando los conceptos claves de seguridad y protección contra esta pandemia.

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«Comercio electrónico de medicamentos» Por Daniel Rojas (Director Química y Farmacia, U. San Sebastián)

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En línea con el auge del comercio electrónico durante los últimos años, la semana pasada se publicó en el Diario Oficial el cambio al Código Sanitario impulsado por el Gobierno, que aprueba y regula el comercio electrónico de medicamentos en farmacias, droguerías, almacenes farmacéuticos, botiquines y depósitos autorizados.

En el contexto de la actual crisis sanitaria que atraviesa nuestro país, esta medida permitirá disminuir el flujo de pacientes en las farmacias, entregándoles como alternativa el despacho a sus domicilios de sus tratamientos.

Si consideramos que el 16% de los chilenos posee más de 60 años, y que son la principal población en riesgo de contagio de Covid-19, esta medida podría permitir una menor exposición de este grupo poblacional y con esto, disminuir su contagio. En este sentido, se aplauden las medidas implementadas que no sólo autorizan el comercio electrónico de medicamentos, sino que lo regulan considerando que previo a estos cambios, ya era posible adquirirlos en forma electrónica.

Sin embargo, preocupa que, dentro de los cambios realizados, no se refuerce el actuar del Químico Farmacéutico en el proceso de despacho, dejando este rol a plataformas digitales que, a pesar de estar disponibles desde hace bastante tiempo, no han logrado disminuir la automedicación y el uso irracional de los medicamentos.

El Químico Farmacéutico presente en las Farmacias Comunitarias tiene un rol fundamental en la farmacovigilancia y enseñanza a la población respecto al correcto uso de los medicamentos. La autorización formal del comercio electrónico probablemente se encontrará asociado a un aumento de la demanda por ellos, generando un potencial riesgo para la salud de las personas. A su vez, existe confusión en el despacho de psicotrópicos y estupefacientes, dejando a interpretación de cada profesional su comercialización electrónica.

Hoy es fundamental tener un equipo interdisciplinario integrado, donde desde el diagnóstico y prescripción, hasta el despacho de los medicamentos, se le entregue al paciente toda la información que requiere sobre su enfermedad y tratamiento, permitiendo su uso seguro y disminuyendo en forma importante los efectos adversos asociados.

Independiente que este cambio en el Código Sanitario avance correctamente hacia regular la farmacia del futuro, es necesario poder complementar estos cambios, estableciendo medidas de control que nos permitan prevenir eventuales intoxicaciones. Considerando lo incipiente aún del comercio electrónico, estamos a tiempo de poder optimizar los cambios realizados, considerando a los profesionales expertos en medicamentos.

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Covid-19 y su comportamiento social ( Ximena Fernández Barriga, Académica UCEN, Región de Coquimbo )

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La evidencia acerca del Coronavirus (SARS-CoV2) que se ha acumulado hasta ahora, indica que R0, es decir, la velocidad con que la enfermedad puede propagarse en una población es 2,3 pero en muchos casos puede llegar hasta 5,7. En términos simples esto quiere decir que, por cada persona contagiada, se pueden contagiar entre 2 a 6 personas. El objetivo de toda respuesta de salud pública durante una pandemia como la que estamos viviendo, consiste en aminorar o detener la propagación del virus mediante estrategias de mitigación que disminuyan el R0, ya sea por el cambio de la tasa de transmisión (distanciamiento social y cuarentenas) o por la disminución de la duración de la infecciosidad mediante el uso de antivíricos, que en este caso no existen para el Covid-19. Otra estrategia es reducir el número de individuos susceptibles mediante vacunación, que por el momento tampoco está disponible.

La evidencia ha demostrado también que entre el 30 y 50% de los contagiados pueden ser asintomáticos, es decir personas que tienen el virus pero que no desarrollan síntomas por un periodo prolongado de tiempo (eventualmente con el paso de los días sí desarrollarán algún síntoma), sin embargo, la enfermedad se encuentra activa y por lo tanto estas personas pueden propagarla. Estos pacientes conforman un grupo altamente peligroso, ya que al desconocer su condición podrían aumentar exponencialmente el número de contagios diarios en una comuna o localidad produciendo el tan temido colapso del sistema de salud.

De allí la importancia de aplicar en todo momento de nuestra vida cotidiana las medidas de distanciamiento físico y de higiene que tanto hemos escuchado y así comprometernos con esta nueva normalidad, el modo coronavirus de vivir.

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“Expresiones de racismo en tiempos de pandemia” Por Nicolás Pérez (Académico UCEN Región Coquimbo)

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Existen situaciones excepcionales que vuelven evidente, lo que como sociedad hemos tratado de esconder bajo la alfombra, a veces con pesar y otras veces con vergüenza. Esta crisis sanitaria es un ejemplo manifiesto de ellas.

No tan sólo la cobertura mediática de esta pandemia, sino también el trato diario hacia la población migrante ha puesto al desnudo la discriminación racial que se ejerce –la mayoría de las veces- como un recurso cotidiano para enfrentarnos a lo que nos parece diferente.

El proceso migratorio siempre es doloroso y trae consecuencias para la salud mental del que lo emprende. Así, con toda esta carga emocional, se llega a un contexto geográfico, político, social, económico e incluso lingüístico que quiebra con concepciones del mundo anterior que se ha dejado atrás.

Es en esta fase de inserción social cuando comienzan a ser sujetos de discriminación arbitraria por parte de sus empleadores; del prejuicio racista de quienes conviven con ellos y ellas; y, de las distintas atribuciones culturales que les entregamos todos y todas.

El botón de muestra de estas expresiones de racismo en la crisis sanitaria, ha sido la irrupción de medios de televisión en un cité de Quilicura, asediando la privacidad de migrantes haitianos -derecho que tiene todo paciente: a la privacidad de su diagnóstico- y acosándolos con preguntas que merodean los contornos de la intolerancia cultural. Un médico haitiano lo dijo de la mejor manera: esto no hubiera pasado si los diagnosticados hubieran sido italianos. Yo agregaría otra cosa: tampoco hubiera pasado si esos migrantes tuvieran residencia en un condominio en Vitacura.

Si de pensar en soluciones se trata, el Estado tiene mucho que decir en esta materia y las políticas migratorias han sido claramente regresivas en la actual administración. El rechazo al Pacto Internacional de Migraciones del 2018 deja en evidencia que, en la agenda de políticas públicas del Ejecutivo, abordar el fenómeno migratorio desde una perspectiva de derechos humanos y de inclusión social, no cuenta como una de sus prioridades.

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¿Debería sorprendernos? – Por Moufarrej Riff (Académico U. Central Región de Coquimbo)

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A quienes aún siguen los noticiarios de televisión y/o revisan constantemente la prensa escrita, les habrá llamado la atención que durante la semana recién pasada surgió un nuevo tópico en la avalancha noticiosa que ha significado el Covid-19: El incremento en las denuncias por violencia en el ámbito familiar, particularmente contra niños, niñas y adolescentes.

La violencia infantil no solo transgrede la ley, sino que también la salud pública, ya que es en esta etapa cuando el cerebro humano se desarrolla de manera más significativa y por ende, cualquier tipo de experiencia traumática altera el normal desarrollo de todas sus capacidades, a corto, mediano y largo plazo. Al respecto, se estima que cerca del 60% de los/as niños/as víctimas de violencia desarrollará trastornos mentales de moderados a graves a lo largo de su vida, lo cual afectará no solo su salud mental, sino también la de las personas que les rodean y por qué no, de la sociedad en la que estarán insertos/as.

Las estadísticas son claras, a la existencia de altos índices de violencia en contra de nuestra infancia, se suman los estudios sobre la salud mental de los/as niños/as en el país, cuyas tasas son preocupantes. A ello sumemos lo planteado por el reconocido psiquiatra chileno Jorge Barudy, quien refiere que por cada año de maltrato contra un/a niño/a, se requieren 3 años de terapia para lograr “reparar” su daño.

¿Debería sorprendernos? No. Pero indignarnos, claro que sí.

No hay dudas, algo sucede al interior de nuestra sociedad y en los hogares que lo componen, que han promovido la proliferación de una pandemia quizás más dañina que el COVID-19, y que es el maltrato contra la infancia. El gran problema es que existen personas que aún ven en la violencia un modo de “educar” y relacionarse con los/as niños/as y adolescentes. Por ende, la educación emocional y la denuncia es la mejor forma de combatir esta enfermedad.

 

 

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“Deudas en la participación laboral de la Mujer” Por Cristian Sánchez López (Director Ing. Civil en Minas Ucentral Coquimbo)

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Las diversas funciones que las mujeres y los hombres desarrollan dentro de una sociedad no están determinadas biológicamente, sino que se determinan dentro de una determinada localidad, con características socioculturales y/o religiosas intrínsecas, las cuales, si existe voluntad política y social, pueden evolucionar y ser modificadas.

Está comprobado que la diversidad de género dentro de una empresa potencia la productividad e innovación. Según estudios de la OCDE, el aumento de la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo, o una reducción de la disparidad entre la participación de mujeres y hombres en la fuerza laboral, produce crecimiento económico, pudiendo contribuir además a una distribución de los ingresos más equitativa. Pero se ve frenada, por ejemplo, por barreras económicas relacionadas con el “elevado” costo de los servicios de cuidado infantil, quienes serán en un futuro muy próximo los protagonistas del desarrollo de la sociedad.

Existen sin duda avances notables dentro de nuestro país como por ejemplo la Norma Chilena 3262 del año 2012 sobre la Igualdad de género y conciliación de la vida laboral, familiar y personal; la ley post natal o también la reciente aprobación de la paridad de género en el órgano que eventualmente redactará la nueva constitución. Pero en la práctica, existe mucha desigualdad por erradicar, referente a las tasas de participación, diferencias de salario o progreso laboral. Resulta extraño que la mayoría de los partidos políticos en Chile posean una militancia relativamente equitativa entre hombres y mujeres, pero que en los cargos políticos de poder las mujeres sólo cubran un 26%. Para los países desarrollados, las tasas de participación laboral femenina superan el 60%, mientras que en Chile según datos del INE alcanza el 49,3%.

En el marco del 8M, debemos reflexionar en cómo todos podemos corregir situaciones injustas que podemos presenciar, siempre con respeto y sin violencia, ya que el vector de cambio hacia una transformación social se encuentra plenamente activo a nivel mundial.

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¿#APRUEBO O #RECHAZO?, ahí el dilema Por: Fernando Maureira Budinich

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Ya empiezan las campañas de aprobación o rechazo para la creación de una nueva Constitución, donde es primordial que nosotros los ciudadanos de a pie entendamos y nos informemos de lo que implica todo éste proceso, además de participar con su voto.

Somos 14,7 millones de personas habilitadas para ejercer nuestro derecho a voto, pero desde que la votación es voluntaria no hemos sido capaces de mantener una participación superior significativa, es tanto, que en las últimas elecciones presidenciales sólo participó el 13,61% (1.812.077) personas, de los 13,3 millones habilitados. En conclusión, si queremos un proceso que represente todo el movimiento deberíamos tener una participación lo más cercana al 100%.

Por otro lado, hay mucho desconocimiento sobre lo que significa un cambio de Constitución, al conversar en las calles, lo que más se ve, es que la mayoría pone sus esperanzas cotidianas en el cambio, incluso muchos piensan que los cambios serán automáticos, pero la Constitución es un instrumento que define el ordenamiento jurídico, que se encarga de organizar al Estado y su forma de Gobierno, fijando los límites y atribuciones de los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y los Deberes y Derechos de las Personas.

Nuestra actual Constitución fue en su base creada en 1980, su texto original tenía 120 artículos y 29 disposiciones transitorias y ha sido reformada en los años 1989, 1991, 1994, 1996, 1997, 1999, 2000, 2001, 2003, 2005 en éste año, se autorizó a fijar su texto refundido, coordinado y sistematizado mediante un decreto supremo, el cual fue firmado por el presidente Ricardo Lagos y sus ministros de Estado, conteniendo 129 artículos y 20 disposiciones transitorias, después ha seguido teniendo modificaciones en los años 2007, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, 2015, 2017, 2018 y 2019, teniendo a la fecha 147 artículos y 28 disposiciones transitorias.

Sobre aspectos que se han discutido en la ciudadanía actualmente, están los temas, primero, de que fue creada en Dictadura, de que la actual Constitución el problema que tiene es que es “Subsidiaria” y muchos de índole leyes específicas, más que de la propia Constitución, como lo son el financiamiento de la Salud, Sistemas de AFP, ingreso a la educación, etc.

Pero ¿Qué significa todo esto?, es aquí donde más que escuchar un slogan debemos informarnos, conocer nuestros procesos constitutivos, conocer las experiencias exteriores, saber realmente las fortalezas y debilidades de nuestra actual Constitución y generar una opinión no dogmatizada por grupos que buscan el poder solamente (Izquierda y Derecha).

Sin establecer una defensa corporativa de la actual Constitución puedo hacerme la pregunta de ¿Qué es lo malo de que sea subsidiaria?¿Qué Derechos y Deberes no están incluidos?¿Se podrá incluir en la actual mejoras realmente significativas para todos?, en mi caso como persona que se dedica a la administración puedo ver el hecho de que sea subsidiaria no es cuestionable, esto, debido a que todos sabemos que los recursos son escasos, claro es cierto, que el gobierno tiene actualmente un potencial de recursos que permitirían mejoras sustentables en muchas cosas, pero así y todo no es un pozo sin fondo, por lo mismo el Gobierno debe resolver prioridades en forma constante (Subsidiaria; del latín subsidium que significa “ayuda, apoyo o alivio”), por lo tanto el Estado aunque queramos, no puede resolver todas nuestras necesidades, pero si puede apoyar , ayudar o generar alivio a quienes individualmente no puedan resolver prioridades sustanciales como lo son la salud, vejez, vivienda, alimentación, educación, seguridad, etc. Y quienes si pueden resolverlo individualmente no requieren de la ayuda, apoyo o alivio del Estado, pero sí son y deben ser partícipes con su responsabilidad social de aportar a los recursos del Estado que deben ir en beneficio de la Sociedad más vulnerable.

Ahora, debemos seguir informándonos, revisar cada uno de los temas de la Constitución al detalle, aprendiendo, todos debemos participar del Plebiscito, reflejar nuestro voto en las urnas, dar una señal clara y contundente de si “Aprobamos o Rechazamos” una nueva Constitución, respetar las diferencias de opinión, valorar el pensamiento crítico y no caer en la violencia, después de todo debemos seguir conviviendo y construyendo  a diario el Chile que queramos, más justo, más digno.

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